El Lector es parte de un oficio en la Iglesia; no es digamos un simple 

                                                                                                     

.El Proclamar la Palabra de Dios es una Dignidad, es una Misión Divina, y esa dignidad no la puede ejercer cualquier persona que simplemente lea bien, si antes no ha penetrado en el contenido de esa Palabra, si no vive el Mensaje de esa Palabra.

La Historia de la Iglesia registra en sus páginas del pasado, que el ser un lector, que el proclamar la Palabra de Dios, no era labor de cualquiera ni de quien quisiera hacerlo. El Lector era una de las Órdenes Menores que habían en los Seminarios.

La primera orden eran el Hostiario, que era el que tenía la llave y abría la Iglesia; la segunda orden era el Lector, que era el que le daban el libro; la tercera orden era el exorcista que era una orden para expulsar demonios, y una cuarta orden menor era el acólito, para ayudar en la misa. Luego venían las ordenaciones de subdiácono, de diácono, y finalmente la ordenación de Sacerdote.

Todo esto nos deja ver que para la Iglesia ser un Proclamador de la Palabra ha sido siempre algo muy importante, y tanto era así, que todavía en el año 1951, en Roma solo habían 52 lectores ordenados. Por eso, el lector no es un personaje secundario.

El Concilio Vaticano II, que comenzó en 1962 y terminó en 1965, fue el que abrió las ventanas para renovar el servicio en la Iglesia, y nos dió un lugar a los laicos, en la Proclamación de la Palabra.

Cuando un lector proclama, está ejerciendo un Ministerio tan importante, como el del Sacerdote y el diácono. El Sacerdote no puede comer el Pan de la Eucaristía, si antes no se ha comido el Pan de la Palabra de Dios, porque tiene como oficio transmitir al pueblo los mandatos de Dios.

El Lector o Ministro de la Palabra, con su presencia y con su voz, debe respetar la dignidad de su ministerio. Hay conceptos muy prácticos que nos ayudan a comprender la dignidad del ministerio de la Proclamación de la Palabra. Y esto es algo muy importante, porque quizás sin pensarlo, a veces podemos minimizar o disminuir la dignidad de la Palabra de Dios en muchas, a veces con nuestra forma de vestir, a veces con nuestro comportamiento, a veces con el vocabulario, y otras veces con formas y actitudes que plantean ciertas interrogantes a los que nos observan.

En cualquier ministerio que sea, y digamos que muy especialmente para la Mesa de la Palabra, debemos usar la vestidura que exteriormente nos prepare para ese ministerio.

El altar es algo que se puede considerar como un escenario donde hay velas, manteles, etc. Hay también un personaje que es el Ministro, el Sacerdote, que también y según el tiempo litúrgico que esté viviendo la Iglesia, se viste de un color o de otro. Hay también servidores del altar, Ministros Especiales de la Eucaristía, y todo eso va creando un ambiente.

El Lector es parte de ese conjunto integrado, por lo que siempre debe presentarse con dignidad.

Debemos siempre recordar que aunque el lector es muy importante, es mucho más importante el Mensaje de Dios a su pueblo. La misión del lector no es más que poner su persona, que es algo secundario, y por tanto, debe presentarse con mucha humildad, y siempre listo y preparado en todo lo que el puede, para que la gente reciba el mensaje de Dios.

El lector debe compenetrarse bien del texto que va a leer, de su contenido y del mensaje, antes de proclamarlo. Esto es una responsabilidad del lector. Debe llegar más o menos 15 minutos antes, para leer otra vez el mensaje, para percatarse de nuevo del mensaje y asegurarse de que conoce bien y puede proclamar bien todo lo que hay en el texto, de las palabras en las que debe poner especial cuidado al pronunciarla para que se oiga bien, etc. Además, debe leer muy bien el texto, entenderlo bien, meditarlo, y sobre todo aplicarlo a su vida.

En la Celebración Eucarística hay dos grandes momentos: La Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía. Esto no siempre ha sido visto así, porque antes se decía que la Misa tenía cinco grandes momentos, que eran:
1er. Momento: Desde su inicio hasta el final del Credo
2do.Momento: El Ofertorio
3er. Momento La Consagración
4to. Momento: La Comunión, y
5to. Momento: La Oración final.

                                                                                      

 hay dos grandes momentos en la misa:  .   

a) La Liturgia de la Palabra, que va desde el inicio hasta la oración de los fieles, y
b) La Liturgia de la Eucaristía, que va desde la presentación de las ofrendas hasta el final.

Ambas mesas son igualmente importantes. No podemos comer con frutos la comunión, si antes no alimentamos nuestra fe con el Pan de la Palabra de Dios.

Estas dos partes, juntas y equilibradas, forman la celebración dominical, y tan importante es la mesa de la Palabra, como la mesa de la Eucaristía.

Esto nos debe ayudar a comprender lo importante que es este Ministerio de Proclamar la Palabra de Dios. La Liturgia es el servicio que la Iglesia ha aprobado para celebrar dignamente la Palabra de Dios, la Mesa de la Palabra y la Mesa de la Eucaristía.

Gracias, hermanos y hermanas, y que el Señor que nos llamó, nos ayude a ser cada día más, mejores Proclamadores de ese Mensaje que nos Salva y nos conduce a la Vida Eterna. Dios los bendiga, y adelante con Cristo!

Fuente: Catholic.net 

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